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4 meses, 3 semanas y 2 días
Miércoles 23 de enero de 2008 por Laura Muñoz
La Palma de Oro conseguida por Cristian Mungiu en el Festival de Cannes de este año confirma definitivamente la línea ascendente que sigue el cine rumano desde hace algunos años. La noche de la entrega de premios yo estaba en un restaurante con amigos. Cenábamos comida «asiática» y estábamos completamente absorbidos por los gustos exóticos de nuestros platos. El teléfono de Jean-François suena mientras cada uno estaba concentrado en su plato y, evidentemente, en el plato del otro. «La Palma de Oro para Cristian Mungiu», dijo él en el receptor, mirándonos. Por un momento olvidé las delicias especiadas de la cocina tailandesa y sentí subir una emoción. Mis ojos estaban al borde de las lágrimas y un orgullo se instalaba en mí. Increíble. Un producto artístico rumano reconocido a nivel internacional de esa manera, no es cualquier cosa. En términos de reconocimiento este éxito vale al menos más para Rumanía – no desagrada a algunos – que la recompra por Ford de la fábrica de automóviles de Craiova. Cuatro meses, tres semanas y dos días aún no se ha estrenado en las salas de Rumanía (yo no la he visto), pero aquellos que la han visto, con ocasión de diferentes pases privados, se han conmovido. Se trata de una película que no deja al público indiferente. A algunos les parece muy buena, otros la encuentran muy (demasiado) dura. Obliga, no obstante, a comentarios e invita a la reflexión, dos ingredientes importantes para el artista y necesarios para la evolución de su creación. A su vuelta de Cannes, Cristian Mungiu escogió el Instituto francés de Bucarest para dar su primera rueda de prensa en Rumanía. A falta de ver el film, pude, pues, escuchar al director. Personaje modesto, con un discurso sencillo y finamente inteligente, muy cómodo con los periodistas, Mungiu vino con sus actores, su productor y la Palma de Oro para compartir con todo el mundo la felicidad de su éxito.